Ray-Ban Meta: una nueva fuente de evidencia digital que puede llegar a nuestro laboratorio

Estamos preparando nuestras próximas formaciones y, como parte de ese trabajo, seguimos incorporando al laboratorio nuevos dispositivos, realizando pruebas y documentando su comportamiento desde el punto de vista de la informática forense.
Drones, cámaras fotográficas, dashcams, dispositivos IoT, sistemas de realidad virtual… Todos ellos pueden contener información relevante para una investigación.
Esta vez hemos puesto sobre la mesa algo diferente:
unas gafas Ray-Ban Meta.
Un dispositivo que probablemente muchos peritos todavía no hayan tenido entre sus manos pero que, perfectamente, puede convertirse mañana en una nueva fuente de evidencia digital.
Y la pregunta que queremos plantear con esta entrada es muy sencilla:
¿Qué haríamos si mañana unas Ray-Ban Meta llegaran a nuestro laboratorio?
Pero antes… ¿qué son las Ray-Ban Meta?
A simple vista podrían pasar por unas gafas convencionales.
Sin embargo, las Ray-Ban Meta son unas gafas inteligentes que incorporan cámaras, micrófonos, altavoces, conectividad inalámbrica y diferentes funciones relacionadas con Meta AI.
Con ellas, el usuario puede tomar fotografías, grabar vídeo y audio desde su propio punto de vista, escuchar música, realizar llamadas, utilizar comandos de voz e interactuar con diferentes funciones de inteligencia artificial.
Por tanto, desde el punto de vista de un perito informático, no estamos simplemente ante unas gafas con una cámara.
Estamos ante un dispositivo conectado capaz de capturar imagen y sonido, generar información digital y comunicarse con un smartphone y otros componentes de su ecosistema.
Para aquellos que todavía no conozcan estos dispositivos, recomendamos consultar la página oficial de Ray-Ban Meta para conocer sus características y posibilidades.
Un pequeño LED y una gran cuestión: la privacidad
Una de las características que más llama la atención cuando utilizamos estas gafas es la facilidad con la que podemos realizar una fotografía o comenzar una grabación.
No necesitamos sostener un teléfono ni una cámara.
El dispositivo incorpora un LED exterior de captura destinado a indicar a las personas situadas delante del usuario que se está realizando una fotografía o grabando un vídeo.
Pero…
¿sabríamos identificar que una persona que lleva unas gafas aparentemente convencionales está grabando?
Probablemente muchas personas todavía no conozcan estos dispositivos ni sepan interpretar el significado de ese pequeño indicador luminoso.
Y no hablamos únicamente de imagen. Las gafas también incorporan micrófonos y capacidad para captar sonido.
Esto introduce cuestiones relacionadas con la privacidad, la captación de imágenes y conversaciones de terceros y, naturalmente, las circunstancias y el marco legal en el que se haya producido cada grabación.
Desde el punto de vista forense nos recuerda algo importante:
donde existe capacidad para generar información digital, puede existir potencialmente una fuente de evidencia.
¿Y si mañana llegan unas Ray-Ban Meta al laboratorio?
Imaginemos una situación sencilla.
Una persona presencia un accidente de tráfico mientras lleva puestas unas Ray-Ban Meta y graba parte de lo sucedido.
Ese vídeo y su audio podrían convertirse posteriormente en evidencias relevantes para ayudar a reconstruir los hechos.
Pero podemos imaginar otros muchos escenarios: unas gafas intervenidas durante una investigación, fotografías relacionadas con un hecho delictivo, una grabación cuya fecha o procedencia se cuestiona o un dispositivo encontrado junto al teléfono móvil de una persona investigada.
En ese momento empiezan las preguntas:
¿Dónde están los datos?
¿En las gafas?
¿En el teléfono?
¿En ambos?
¿Podrían existir fotografías o vídeos que todavía no hayan llegado al smartphone?
¿Y cómo podemos obtenerlos de una manera técnicamente adecuada?
Tomamos una fotografía… ¿dónde está?
Esta es precisamente una de las cuestiones que estamos estudiando en nuestras pruebas.
Cuando un usuario realiza una fotografía o graba un vídeo utilizando las Ray-Ban Meta, no debemos asumir automáticamente que ese archivo ya se encuentra almacenado en su smartphone.
A una pregunta aparentemente sencilla:
¿La fotografía está en las gafas o en el teléfono?
La respuesta es:
depende.
Entre otras cuestiones, dependerá de la configuración y de cómo se haya realizado la importación del contenido.
Si el usuario tiene configurada la importación automática, el contenido puede transferirse al smartphone. Si no es así, puede ser necesario realizar posteriormente una importación manual.
Y aquí aparece un escenario especialmente interesante para el perito:
¿Qué ocurre si recibimos unas Ray-Ban Meta que contienen fotografías o vídeos que todavía no han sido importados al teléfono?
En ese momento nuestra fuente de evidencia no es únicamente el smartphone.
Las propias gafas son una fuente de datos.
Y no estamos necesariamente ante un dispositivo al que podamos conectar un cable y realizar una adquisición convencional de su almacenamiento.
Entonces…
¿cómo recuperamos esos contenidos?
De las gafas al teléfono: ¿qué ocurre por el camino?
Para responder correctamente necesitamos comprender primero cómo funciona el dispositivo.
¿Qué papel desempeñan Wi-Fi y Bluetooth?
¿Cómo llegan las fotografías y vídeos desde las gafas hasta el teléfono?
¿Las comunicaciones están cifradas?
¿Qué artefactos genera la aplicación?
¿Y qué estamos modificando cuando realizamos una importación?
Esta última pregunta es especialmente importante.
Si para obtener contenidos que todavía permanecen en las gafas necesitamos utilizar el mecanismo de importación previsto por el fabricante, tendremos que conocer y documentar qué sucede durante esa operación.
Porque adquirir evidencia no consiste únicamente en conseguir visualizar una fotografía.
Tenemos que saber de dónde procede, cómo la hemos obtenido y qué modificaciones puede haber provocado nuestra intervención.
Una fotografía puede contar mucho más de lo que vemos
Una vez recuperados los archivos comienza otra parte especialmente interesante del análisis:
los metadatos.
Durante las pruebas que estamos realizando con las Ray-Ban Meta hemos encontrado información especialmente interesante asociada a los archivos generados por estos dispositivos.
Entre otros elementos, hemos observado información relacionada con el modelo de las gafas e incluso con su número de serie.
Y esto abre preguntas muy interesantes desde el punto de vista pericial:
¿Podemos determinar que una fotografía fue realizada con unas Ray-Ban Meta?
¿Podríamos relacionarla con unas gafas concretas?
¿Qué timestamps contiene?
¿Qué información podemos obtener de los vídeos y del audio?
¿Qué ocurre con esos metadatos después de importar, editar o compartir un archivo?
¿Podemos reconstruir el recorrido seguido por un fichero desde que fue capturado?
Un pequeño campo dentro de los metadatos puede convertirse, en determinadas circunstancias, en información de gran interés dentro de una investigación.
No todos los dispositivos Meta son iguales
Hace tiempo tuvimos la oportunidad de enfrentarnos al análisis pericial de otro dispositivo de Meta:
unas Meta Quest. En aquel caso nos encontrábamos ante un dispositivo con una arquitectura basada en Android.
Con las Ray-Ban Meta el escenario es diferente.
Y esta comparación nos recuerda una de las ideas que intentamos transmitir a nuestros alumnos:
antes de adquirir, tenemos que entender el dispositivo.
Cómo funciona, dónde almacena la información, con qué dispositivos se comunica, qué aplicaciones necesita, qué mecanismos de seguridad utiliza y qué consecuencias puede tener nuestra interacción con él.
Dos dispositivos del mismo fabricante pueden requerir estrategias forenses completamente diferentes.
La próxima evidencia digital puede parecer simplemente unas gafas
La informática forense evoluciona al mismo ritmo que la tecnología que utilizamos diariamente.
Hace años podía resultar extraño pensar que un perito terminaría analizando un dron. Después llegaron las dashcams, los vehículos conectados, los dispositivos IoT o los sistemas de realidad virtual.
Ahora podemos encontrarnos con unas gafas inteligentes encima de la mesa del laboratorio.
Y cuando eso ocurra tendremos que estar preparados para responder:
¿Dónde está la evidencia?
¿Cómo podemos adquirirla?
¿Qué información permanece en las gafas y cuál ha pasado al teléfono?
¿Qué podemos obtener de las fotografías, vídeos, audio y sus metadatos?
¿Podemos relacionar un archivo con unas gafas concretas?
¿Qué hemos modificado durante nuestra intervención?
Durante estas semanas estamos realizando pruebas, analizando el comportamiento de las Ray-Ban Meta y documentando diferentes escenarios que incorporaremos a nuestras próximas formaciones.
No pretendemos resolver todas estas preguntas en esta entrada.
Precisamente queremos plantearlas.
Porque una parte fundamental de nuestro trabajo como peritos consiste en aprender a reconocer nuevas fuentes de evidencia digital antes de encontrárnoslas por primera vez en un caso real.
Hoy son unas Ray-Ban Meta.
Mañana será otro dispositivo.
Las fuentes de evidencia digital continúan evolucionando.
Y nuestra metodología también tiene que hacerlo.
Quizá la pregunta ya no sea si algún día llegará uno de estos dispositivos a un laboratorio forense.
La pregunta es:
cuando llegue, ¿sabremos qué hacer con él?


